SWAP

El voleibol sentado como parte del proceso de rehabilitación de niños y jóvenes con discapacidades neuromotoras

En el IRCCS Eugenio Medea de Bosisio Parini (Italia), el deporte y la rehabilitación se unen en el marco del proyecto SWAP, explorando y poniendo a prueba enfoques que permitan hacer que el voleibol sentado sea cada vez más accesible para niños y jóvenes con discapacidades neuromotoras complejas.

La iniciativa se puso en marcha en el gimnasio del IRCCS mediante una colaboración con Real Eyes Sport, ofreciendo inicialmente un programa de voleibol sentado para los pacientes ambulatorios del Instituto. Las sesiones, dirigidas conjuntamente por profesionales de la rehabilitación y entrenadores deportivos, brindaron a los participantes la oportunidad de realizar una actividad grupal, al tiempo que permitieron a los profesionales observar, en un entorno real, cómo personas con diferentes capacidades motoras podían aproximarse al deporte y participar en él.

Tras la experiencia positiva de este programa inicial, se dio un paso más: el voleibol sentado se introdujo de forma experimental para niños y jóvenes que se encontraban realizando rehabilitación en régimen de hospitalización en el IRCCS, incorporando una sesión deportiva grupal semanal a su programa de rehabilitación.

De este modo, el deporte se integra directamente en el proceso de rehabilitación. Junto a las sesiones individuales de rehabilitación, los participantes tienen la oportunidad de desenvolverse en un entorno diferente, dinámico y motivador, donde el movimiento, el juego, la interacción con sus compañeros y la cooperación pasan a formar parte de la experiencia de rehabilitación.

El programa ha contado con la participación de jóvenes con diferentes afecciones neuromotoras, entre ellas parálisis cerebral y daño cerebral adquirido como consecuencia de un traumatismo craneoencefálico. Esta experiencia ha permitido al equipo comenzar a identificar adaptaciones que pueden hacer accesible el voleibol sentado cuando las alteraciones motoras dificultan la ejecución de las habilidades técnicas convencionales o el cumplimiento de las reglas estándar del juego.

Por ejemplo, un joven con dificultades en el control motor fino, la coordinación o el control motor de las extremidades superiores puede tener dificultades para devolver el balón de forma inmediata utilizando las técnicas que normalmente se requieren en voleibol. Permitir al jugador detener y atrapar brevemente el balón antes de devolverlo puede constituir una adaptación útil, ya que permite una participación activa en el intercambio y facilita la comprensión de la dinámica del juego.

Del mismo modo, la posición sentada en el suelo que caracteriza al voleibol sentado no es accesible para todos. Cuando el control del tronco es insuficiente, la actividad puede realizarse mientras el participante permanece sentado en una silla de ruedas, contando, cuando sea necesario, con la ayuda de un compañero sin discapacidad motora que pueda colaborar en el posicionamiento de la silla de ruedas durante el juego.

Estas modificaciones pueden parecer sencillas, pero representan un cambio de perspectiva fundamental: en lugar de pedir necesariamente a la persona que se adapte al deporte tal y como ha sido tradicionalmente reglamentado, el objetivo es identificar qué elementos del juego pueden modificarse sin perder su esencia, de modo que cada participante pueda implicarse de forma activa y significativa.

Esta es una de las características clave de la experiencia desarrollada en el Medea en el marco del proyecto SWAP. El gimnasio se convierte en un auténtico laboratorio en el que confluyen los conocimientos y la experiencia del ámbito clínico, de la rehabilitación y del deporte.

Los médicos rehabilitadores, fisioterapeutas, terapeutas de neuropsicomotricidad del desarrollo y otros profesionales de la rehabilitación aportan sus conocimientos sobre el funcionamiento motor y las necesidades individuales de cada participante. Por su parte, los entrenadores de Real Eyes Sport aportan su experiencia en la práctica deportiva, el diseño del juego y la gestión de grupos.

Durante las sesiones, los profesionales observan no solo las dificultades a las que se enfrentan los participantes, sino también las estrategias que desarrollan espontáneamente y las soluciones que les permiten implicarse de forma más activa en el juego. Estas observaciones sirven progresivamente de base para adaptar las habilidades técnicas, las reglas, las posturas y las formas de desarrollar la actividad.

Por tanto, el proceso es necesariamente dinámico: las adaptaciones se proponen, se ponen a prueba en la práctica y se perfeccionan progresivamente en función de las respuestas de los participantes.

La experiencia adquirida durante los primeros meses del programa también está poniendo de manifiesto el valor de ofrecer a los pacientes, dentro de su programa de rehabilitación, un entorno en el que puedan utilizar sus capacidades con un objetivo diferente al de una sesión terapéutica convencional.

El juego en equipo requiere que los participantes alcancen el balón, lo controlen, lo dirijan hacia un compañero, decidan cómo responder, respeten los turnos y las reglas, se comuniquen y cooperen. Por tanto, las acciones motoras adquieren inmediatamente un propósito concreto, funcional y relacional.

Para los profesionales de la rehabilitación, este contexto también ofrece la oportunidad de observar al joven en un entorno diferente al de la terapia individual. Las estrategias motoras, las capacidades de adaptación, los patrones de interacción y los niveles de participación pueden ponerse de manifiesto, proporcionando información adicional que puede contribuir a una comprensión más completa del funcionamiento de la persona.

La colaboración entre el IRCCS Eugenio Medea y Real Eyes Sport en el marco del proyecto SWAP se basa, por tanto, en una perspectiva compartida: hacer accesible el deporte a niños y jóvenes con discapacidades neuromotoras complejas y, al mismo tiempo, explorar en la práctica qué adaptaciones pueden permitir que cada persona participe de forma activa y significativa.

El objetivo final es transformar los conocimientos adquiridos a través de estas experiencias en herramientas transferibles y enfoques prácticos, de modo que el voleibol sentado pueda convertirse en una actividad cada vez más inclusiva y reproducible, también fuera del ámbito de la rehabilitación.